
Con estupor el mundo debió enfrentar, en Abril de este año, la muerte del Papa Juan Pablo II. Hombre de fuerte carácter, dureza en temas valóricos, pero de un carisma y bondad humana formidables. Un líder no solo religioso, sino también político, y que supo dirigir a la Iglesia durante sus 26 años de pontificado enfrentando encándalos y dudas con franqueza y firmeza. Un papa presente, activo y vigoroso en el mundo católico.
Tras su muerte la seguidilla de nombres para sucederlo aumentó la incertidumbre. Candidatos desde Europa hasta América Latina llenaron páginas de los periódicos del mundo con vaticinios acerca del nuevo Papa. Mientras, el cardenal más cercano a Wojtila dirigía los hilos del Vaticano y tomaba las riendas del cónclave: Joseph Ratzinger.
Paulatinamente el nombre de este cardenal, absolutamente distinto al carácter de Wojtila, empezó a sonar con fuerza como nuevo Pontífice. Casi inmediatamente, surgieron también voces de rechazo venidas mayoritariamente de grupos liberales al interior de la Iglesia, protestando contra un hombre que durante su vida sacerdotal se había convertido en un "talibán" de la religión, condenando el aborto, el divorcio y el "relativismo moral" de hoy. En términos valóricos, el mejor suceso de Juan Pablo II; en términos de carácter y carisma, el peor candidato.
Luchar contra la figura de Juan Pablo II parecía una cuestión casi imposible. Para muchos el papa que sucediera a Wojtila debía ser un hombre de transición, que pudiese inyectar a la Iglesia de vigor , pero con un estilo distinto, defendiendo también lo que Juan Pablo II había predicado. Ratzinger, a sus 78 años, calzaba perfectamente con ese perfil, el perfil de las máximas autoridades de la Iglesia.
¿Era esa la elección del pueblo católico?, quedó demostrado que no. Desde un prinicipio quedaron en evidencia las críticas a este hombre serio, parco y de mirada firme, muy lejano del carácter y semblante amable de Wojtila. El Papa nazi dijeron en Alemania y otras partes del mundo, en alusión a su pasado juvenil en las juventudes nazis, durante la segunda guerra mundial. Su cambio de actitud respecto de las visiones más progresistas en el Concilio Vaticano II, hacía una postura más conservadora posterior a este Concilio sembraron aún mas dudas en los entendidos. Hans Khun, teólogo de la Liberación (teología que combina elementos marxistas y cristiano - católicos, y que en su momento fue condenada por Ratzinger) lamentó profundamente la llegada de este nuevo pontífice. Nubes de duda se posaron sobre la Iglesia, y sobre un pontificado que no avanzaría con los tiempos, que no profundizaría en el ecumenismo y en el encuentro con otras religiones, un pontificado en extremo conservador y una Iglesia que perdería aún mas fuerza y vigor ante el mundo.
Sin embargo no pocos se han sorprendido con Benedicto XVI. Hombre de pocas palabras, serio y reservado, Ratzinger se ha encargado de acallar las críticas, en base a gestos de apertura concretos con el ecumenismo, la teología de la liberación (se reunió con Hans Khun hace unos días), la juventud (participó del encuentro de jóvenes en Colonia) y ásumiendo con fuerza el compromiso de la Iglesia con los temas valóricos, la lucha por los más desposeídos y llamados concretos hacia una reformulaciñón del modelo económico. Se ha pronunciado denunciando el "escándalo del hambre y la desnutrición en el mundo", "El hambre y la desnutrición, desafortunadamente, se encuentran entre los más graves escándalos que afligen aún la vida de la familia humana... Los millones de personas amenazadas en su existencia, porque privadas del mínimo de nutrición necesario exigen la atención de la comunidad internacional, en cuanto todos tenemos el deber de ocuparnos de nuestros hermanos... En efecto la carestía no depende sólo de las situaciones geográficas y climáticas o de las circunstancias desfavorables vinculadas a las cosechas, esta es también provocada por el hombre mismo y por su egoísmo que se traduce por carencias en la organización, en la rigidez de las estructuras económicas con frecuencia encaminadas sobre el provecho, y también en las prácticas contra la vida humana y en sus sistemas ideológicos que reducen las personas, privadas de su dignidad fundamental, a no ser más que un instrumento".
Benedicto XVI ha pasado con creces un primer obstáculo: alcanzar la confianza y simpatía del mundo católico, y acallar críticas acerca de la fuerza del nuevo Papa para dirigir con claridad a la Iglesia en estos duros tiempos. Sin embargo hoy el reto para Ratzinger es aún mayor: pasar del discurso a la acción, y que efectivamente las palabras de la Iglesia dejen de ser solo eso, y pouedan transformarse en hechos concretos y acciones claras en pos de una efectiva reforma al modelo económico, paz en el mundo y una actitud firme de la Iglesia en los temas valóricos.